Introducción
Las enfermedades crónicas no transmisibles, como la hipertensión y la diabetes, afectan a cada vez más personas en nuestro país(1). Los desafíos que representan, tanto a nivel económico como en atención médica necesaria para controlarlas y evitar complicaciones, también continúan aumentando. Aunque muchas de estas enfermedades afectan principalmente a los adultos, se ha identificado que la salud en esta etapa comienza a formarse desde mucho tiempo atrás. La infancia es un importante periodo de crecimiento y desarrollo, por lo que la exposición a factores tanto positivos como negativos durante esta etapa puede contribuir de manera importe a la salud en periodos posteriores.
¿Qué son las experiencias adversas en la infancia?
El término de experiencias adversas en la infancia (EAI) se emplea para describir experiencias negativas que suceden entre el nacimiento y los 18 años. Estas experiencias se caracterizan por generar un estrés tan severo que se considera como tóxico debido a sus repercusiones físicas y mentales en los niños que desafortunadamente las experimentan(2).
Las EAI incluyen diferentes formas de adversidad:
- Abuso. Acciones dirigidas hacia los niños que, con o sin intención, les infringen un daño. El abuso puede ser físico, emocional, o de índole sexual
- Negligencia. Cuando no se cubren las necesidades más básicas de un niño o niña, ya sean físicas o psicológicas (alimento, techo, vestido, cuidados, cariño, etc.) para permitir su adecuado crecimiento y desarrollo
- Disfunción del hogar. Situaciones que afectan gravemente la estabilidad del hogar en el que un niño o niña crecen. Por ejemplo, tener miembros de la familia con adicciones, en prisión o con problemas de salud mental; o ser testigos de violencia en el hogar, entre otra
La conexión entre las EAI y la salud en etapas posteriores
Además de mermar el derecho de los niños a un ambiente que promueva su adecuado desarrollo, las consecuencias de las EAI pueden extenderse a otras etapas de la vida. Una exposición constante al estrés tóxico característico de las EAI, genera un desbalance en la respuesta a hormonas del estrés, afectando la presión arterial y la disponibilidad de glucosa (azúcar) en la sangre. Las EAI pueden incluso afectar el desarrollo de estructuras cerebrales, incluyendo aquellas relacionadas con los sistemas de recompensa, y estos cambios pueden ser tan duraderos que se han observado aún en adultos mayores que experimentaron adversidad durante su infancia(3).
Aunque la mayoría de los estudios sobre EAI y salud adulta vienen de países con características muy diferentes a las nuestras, estos indican que la adversidad en la infancia se relaciona con mayores posibilidades de tener hábitos en salud negativos (inactividad física, tabaquismo y adicciones) y enfermedades crónicas (diabetes, enfermedad cardiovascular, etc.)(4).
Resultados de estudios en ESMaestras
Debido a lo anterior, en el Estudio de la Salud de las Maestras (ESMaestras) del Instituto Nacional de Salud Pública, en el tercer cuestionario de seguimiento (2014-2021) incluimos una sección preguntando a las participantes si habían pasado por alguna de 10 experiencias adversas cuando eran niñas (insultos u ofensas, empujones o jalones, abuso o ataque sexual, falta de afecto, comida insuficiente o usar ropa sucia, divorcio o pérdida de madre/padre biológicos, testigo de violencia familiar, o familiar con: enfermedad mental, en la cárcel, o adicciones).
En un análisis que realizamos con las respuestas de ese cuestionario en su modalidad en línea,
encontramos que(5):
- 61 % de las casi 10 000 participantes reportaron que cuando eran niñas experimentaron al menos 1 de las 10 adversidades por las que se preguntó en el cuestionario, y 14 % reportó haber pasado por 4 o más EAI
- Entre las EAI mayormente reportadas destacan adicciones de algún miembro del hogar (28%), divorcio o abandono de un padre (22 %), abuso sexual (20 %) y el abuso emocional (20 %)
- Este estudio encontró que las EAI se asociaron con una mayor frecuencia de hábitos negativos para la salud, como el tabaquismo y la inactividad física. Asimismo, se observó que las enfermedades crónicas evaluadas, como hipertensión, diabetes, colesterol elevado y obesidad, eran más comunes en el grupo que reportó EAI. Esta relación fue especialmente marcada en maestras que reportaron 4 o más EAI, así como en aquellas que además experimentaron abuso, negligencia y disfunción familiar conjuntamente.
En otro análisis de ESMaestras, esta vez de casi 40 000 mujeres que contestaron la versión en papel o en línea de nuestro cuestionario, se evaluó la relación entre las EAI, el peso y la circunferencia de cintura, encontrando que:
- Las participantes que durante su infancia desafortunadamente experimentaron conjuntamente situaciones de abuso y de negligencia, presentaban en promedio 2.5 kg más de peso, y 3.3 cm más de circunferencia de cintura que las mujeres que no reportaron EAI(6)
Debido a la fuerte relación entre la alimentación y el peso/grasa corporal y enfermedades crónicas, actualmente, el equipo de investigación de ESMaestras está evaluando la relación entre las EAI con alimentación, específicamente si la adversidad en la infancia se relaciona con el consumo de alimentos con alto contenido de grasa, azúcares, y energía.
Conclusión
Las experiencias adversas en la infancia, además de atentar contra el derecho de los niños a tener un desarrollo pleno, pueden tener consecuencias importantes a largo plazo sobre múltiples hábitos en salud y enfermedades en las mujeres mexicanas. Los análisis derivados de la información que valientemente nos compartieron nuestras maestras contribuyen al fortalecimiento de la evidencia que nutre iniciativas que buscan proteger de estas experiencias negativas a nuevas generaciones de niñas y niños en México.
Recomendaciones
- Si pasaste por una EAI, recuerda que en ninguna circunstancia fue culpa tuya
- Aunque no podemos reescribir el pasado, se puede decidir no repetir estas experiencias con
hijos, sobrinos o nietos - Las acciones de autocuidado, como mejorar la calidad del sueño, mantener una nutrición equilibrada, realizar actividad física y realizar prácticas de meditación, pueden ayudar a reducir los
niveles de estrés y mejorar la salud en general(7)
