Promover la comprensión de la salud humana y su relación con la salud planetaria es esencial entre las nuevas generaciones, pero particularmente entre las y los jóvenes que viven en alguna condición de vulnerabilidad. El 16% de la población adolescente mundial vive en América Latina; 37% de los cuales viven con algún grado de pobreza.1 Por lo tanto, es relevante aclarar que la salud planetaria desde los países de ingresos medios y bajos tiene un enfoque de justicia ambiental que vincula los procesos productivos y sociales que dan lugar a estas inequidades y la necesidad de implementar políticas de largo plazo para revertirlos. La Salud Planetaria, es un paradigma emergente que reconoce que la vida y la subsistencia de los individuos depende de la salud del planeta.2 Bajo esta premisa es relevante atender los sistemas humanos que modelan el futuro de la especie, pero también a los sistemas naturales, en el marco de los límites planetarios seguros para favorecer el logro del más alto nivel posible de salud, bienestar y equidad en todo el mundo.3 Este paradigma no debería ser ignorado por el Sistema Educativo Mexicano al atender la alfabetización en materia de salud dirigida a la infancia y la juventud. La Salud Planetaria tiene un componente transgeneracional importante, en donde se asume que lo que hagamos o dejemos de hacer por el bienestar del ecosistema global impactará a las generaciones futuras y que son justamente las generaciones futuras quienes estarán a cargo de implementar medidas para revertir la crisis ambiental global.2
La adopción de esta forma de comprender el proceso salud-enfermedad en espacios educativos orientaría las políticas y normas de cuidado del medio ambiente como otra forma de cuidar la salud de la propia comunidad escolar. Existen diversas formas en los que la Salud Planetaria se podría integrar a la formación de la juventud mexicana, como el desarrollo curricular, las políticas escolares, y las actividades curriculares y extracurriculares, entre otros.
Los comportamientos en salud de las y los jóvenes en México están lejos de lo recomendado para mantener la salud y el bienestar. Hasta el 2023, el 91% de las y los adolescentes excedió dos horas de tiempo frente pantalla al día, lo que es considerado como un comportamiento sedentario y factor de riesgo para diversas afectaciones en la salud mental4 y física como enfermedades crónicas no transmisibles.5 Por otra parte, el 42.6% no acumuló al menos 60 minutos de actividad física moderada y vigorosa al día mientras que el 30% no duerme lo suficiente.6

Datos de representatividad nacional indican que el 50% de este grupo de la población consumen alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas frecuentemente,6 conocidos por sus efectos nocivos para la salud de los individuos y el medio ambiente.7 Respecto al consumo de sustancias, el 2.6% usa cigarros electrónicos, 4.6% consume tabaco y el 20.6% consume alcohol de forma excesiva. Sobre su salud mental, 3.2% ha presentado sintomatología depresiva y el 7.6% ideación suicida. Cerca del 41% vive con obesidad o sobrepeso y el 27% no utilizó preservativo en su primera relación sexual.6 Consecuentemente, existe una agenda pendiente para que más jóvenes en México integren estilos de vida saludables, permitiendo revertir estas tendencias y favorecer su pleno desarrollo.

La educación formal que recibe la juventud mexicana en la educación media superior es una palanca fundamental que suma a la alfabetización en materia de salud.8 Los esfuerzos para la alfabetización en materia de salud, desde la educación media superior en México, han sido primordialmente enfocados en la salud del adolescente, con asignaturas que orientadas al autocuidado o la comprensión de bases biológicas o anatomofisiologías del cuerpo humano como pilares de la salud.9,10 Esto resulta pertinente,
dados los comportamientos de salud y sus actuales desenlaces en la adolescencia en México. Sin embargo, es necesario aumentar la contribución de la educación a la construcción de un mundo más justo y sostenible. En este tenor, la educación para el desarrollo sostenible plantea cinco acciones prioritarias, entre las que encuentra ver a la juventud como agente fundamental para abordar los problemas de sostenibilidad y los procesos de toma de decisiones asociados.11 La educación para el desarrollo sostenible está en línea con el Programa de Acción Mundial de Educación para el Desarrollo Sostenible (2015-2019), a través de la ampliación del alcance de la educación media superior y el papel de la juventud, más allá de la salud humana. Por lo tanto, es tiempo de que el sistema educativo mexicano integre estos principios en la formación de la juventud mexicana.
En México la cobertura nacional de la educación media superior es de tan solo 78.4%. El bachillerato de la Universidad Nacional Autónoma de México, la Escuela Nacional Colegio de Ciencias y Humanidades (ENCCH) atiende a cerca de 60,000 adolescentes residentes principalmente en zonas urbanas de la Ciudad de México y del Estado de México,12 zonas donde cerca del 32.6% y el 48.9% de sus habitantes viven en condición de pobreza respectivamente.13 Dada la relación entre condiciones de vulnerabilidad como la pobreza y los comportamientos en salud poco saludables,14 el acceso a una formación en salud desde la adolescencia y particularmente cuando se vive con alguna condición de vulnerabilidad es indispensable. En 2025 se incorporó el paradigma de Salud Humana y Planetaria en la asignatura de Ciencias de la Salud en el programa de estudios de ENCCH,15 probablemente por primera vez en educación media superior en México. Si bien, su adecuada implementación puede representar diversos retos, existen oportunidades viables como la incorporación de actividades que consideren los límites planetarios (Figura 1) y que sumen a la educación para el desarrollo sostenible de la juventud mexicana.
Figura 1. Ejemplos de acciones que se pueden implementar en espacios escolares que atienden las
consideraciones de Salud Humana y Planetaria.

Conclusión
Es importante que los esfuerzos en alfabetización en materia de salud dirigidos a la juventud mexicana reconozcan que la salud de los individuos también depende de la salud del planeta. El paradigma de Salud Planetaria permite la comprensión de esta relación y abonaría sustancialmente a la educación para el desarrollo sostenible si se incorpora al Sistema Educativo Mexicano, como ya se empieza a integrar en algunos sistemas de educación media superior del país.

Cortesía de la Unidad de Información y Divulgación Académica del Plantel Azcapotzalco

Cortesía de la Unidad de Información y Divulgación Académica del Plantel Azcapotzalco