El envejecimiento poblacional en México avanza de manera acelerada, evidenciado por el incremento sostenido de la población adulta mayor y la disminución relativa de la población joven¹,². De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (CONAPO), para 2040 la población de 60 años y más alcanzará los 28 millones de personas, y entre 2030 y 2035 este grupo superará en número a la población infantil¹,⁵.
En este contexto, la malnutrición se ha convertido en un problema crítico que, aunque frecuentemente pasa desapercibido, impacta la calidad de vida, la autonomía y el riesgo de enfermedad en las personas adultas mayores. Se trata de un fenómeno complejo que involucra factores biológicos, sociales y económicos, y que requiere atención prioritaria desde la salud pública.
Envejecer en México: un reto para la alimentación
En México viven aproximadamente 16.5 millones de personas de 60 años o más²,⁵. Para muchas de ellas, mantener una alimentación adecuada representa un desafío creciente. El envejecimiento conlleva cambios físicos, emocionales y sociales que influyen en la alimentación, como dificultades para masticar, disminución del apetito, enfermedades crónicas y limitaciones para preparar alimentos.

Asimismo, ocurren cambios en la composición corporal, caracterizados por la pérdida de masa muscular y el aumento de grasa corporal, lo que afecta la fuerza, el equilibrio y la movilidad. Por ello, una alimentación adecuada no solo cubre necesidades energéticas, sino que permite preservar la funcionalidad, prevenir enfermedades y mantener la calidad de vida³.
Entender que la nutrición es un derecho y una herramienta para envejecer con salud y evitar enfermedades es el primer paso para construir una vejez más digna.

¿Qué es realmente la malnutrición?
La malnutrición no se limita a la desnutrición. Incluye tanto el déficit como el exceso de nutrientes:
- Desnutrición: insuficiente ingesta de energía y nutrientes.
- Sobrepeso y obesidad: exceso de grasa corporal.
En México, ambos problemas ocurren al mismo tiempo. Esta situación se conoce como “doble carga de la malnutrición”. Estudios nacionales muestran que 60% de los adultos presentan algún tipo de malnutrición. Mientras que aproximadamente 16.1% vive con desnutrición, y un alarmante 43.6% presenta sobrepeso u obesidad2.
Diferencias entre regiones del país
La realidad nutricional de adultos mayores varía significativamente según la geografía del país. Factores como el nivel socioeconómico, el lugar donde se vive o el acceso a servicios de salud influyen en el estado nutricional.
La velocidad de transición hacia un envejecimiento avanzado es heterogénea entre entidades; por ejemplo, la Ciudad de México, Veracruz y Morelos ya se encuentran en etapas avanzadas, con porcentajes de población mayor que superan el 14%, mientras que estados como Chiapas mantienen procesos más lentos. En ciudades como Orizaba y León, la desnutrición puede ser hasta un 10% más alta que el promedio nacional2-4.
Factores como el nivel socioeconómico dictan esta balanza: mientras que en familias con menos ingresos predomina la falta de peso, en estratos más altos el reto es el exceso de grasas y carbohidratos.
En Yucatán, se ha detectado que 46 de los adultos mayores de la muestra de un total de 96 personas, presentan un riesgo elevado de desnutrición, identificando a la edad avanzada y a la depresión como los predictores más fuertes de esta condición 6. Por su parte, en el municipio de Centro, Tabasco, estudios con adultos mayores funcionales revelan que apenas 20 personas mantienen un estado nutricional normal de una muestra de 103 personas; el resto (83 personas) ya padece malnutrición o se encuentra en un riesgo inminente de sufrirla1. Estos datos demuestran que el aislamiento social, la soledad y la transición hacia dietas industrializadas en entornos urbanos son factores que están acelerando el deterioro alimentario en la vejez. Ambos extremos son peligrosos, pues aumentan el riesgo de caídas, fracturas y enfermedades del corazón 2,3.
Señales físicas de alerta
La sarcopenia, definida como la pérdida progresiva y generalizada de la masa, la fuerza y la función del músculo esquelético asociada al envejecimiento, es una de las principales manifestaciones de malnutrición en las personas adultas mayores. Esta condición se asocia con un mayor riesgo de caídas, discapacidad, pérdida de la independencia y mortalidad, por lo que su detección oportuna es fundamental ²,⁴,⁷.
Es fundamental que tanto familiares como personal de salud vigilen señales que van más allá del peso:

- La disminución de la fuerza de apretón de manos.
- Pérdida de peso no intencionada.
- Fatiga o debilidad generalizada.
- Lentitud al caminar o disminución de la velocidad de la marcha.
- Dificultad para levantarse de una silla sin apoyo.
- Reducción del apetito o ingesta alimentaria insuficiente.
- Cambios en la composición corporal (aumento de grasa con pérdida de músculo).
- Fragilidad cutánea (piel seca, delgada o con mala cicatrización).
- Caídas frecuentes o sensación de falta de equilibrio.
- Edema en extremidades (que puede enmascarar pérdida de peso real).
- Alteraciones en cabello y uñas (fragilidad, caída).
Son indicadores físicos que suelen presentarse antes de que la desnutrición sea evidente en la báscula. Detectar estas variaciones a tiempo es la clave para evitar que el riesgo se convierta en una enfermedad grave1,5.
El papel invisible de la soledad y el entorno
La alimentación en el adulto mayor no solo depende de lo biológico, sino también de factores sociales y emocionales. La soledad, la pérdida de la pareja o eventos estresantes pueden disminuir el apetito y afectar la ingesta2,3.
En México, los hombres mayores de 70 años son especialmente vulnerables al descuido nutricional, ya que suelen acudir menos a servicios de salud. Asimismo, las personas mayores de 80 años, sin pareja o con bajo nivel educativo tienen mayor probabilidad de desnutrición. Factores como hospitalización reciente y problemas para masticar o digerir alimentos incrementan significativamente el riesgo de pérdida de peso. La soledad y el aislamiento social también juegan un papel crítico, ya que reducen el interés por cocinar y disfrutar de la comida2,3. La familia juega aquí un rol protector: preparar comidas pequeñas, frecuentes y acompañadas puede cambiar radicalmente el estado de salud de una persona mayor.
El sobrepeso es más común en mujeres y en personas de 60 a 79 años, asociado principalmente a la inactividad física y al consumo de alimentos procesados. Este no solo afecta la apariencia, sino que incrementa el riesgo de enfermedades crónicas, se asocia con el dolor en las articulaciones que limitan la movilidad2.
La trampa de la percepción
En el adulto mayor,la percepción del estado de salud y del peso corporal no siempre corresponde con la realidad. Datos de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2021, que representa a 25.9 millones de personas de 53 años y más, muestran que el 62.3% percibe su salud como regular o mala. Esta discordancia también se observa en la percepción del peso: las personas con obesidad tienden a subestimarlo, mientras que aquellas con desnutrición pueden sobreestimarlo, lo que dificulta la adopción de medidas oportunas para mejorar su estado nutricional. A ello se suman factores emocionales. Tras la pandemia por COVID-19 aumentó del 26.4% al 35.5% la prevalencia de síntomas depresivos en personas de 60 años, afectando tanto el apetito como la percepción del bienestar2.
Conclusión
La nutrición en la vejez es un derecho, no un privilegio y un componente clave para la salud pública. Su descuido no solo afecta la calidad de vida de las personas mayores, sino que también genera un impacto significativo en el sistema de salud. No obstante, es prevenible. La detección oportuna mediante revisiones periódicas y la promoción de una atención nutricional continua son esenciales. Asimismo, la participación de la familia en el cuidado alimentario resulta fundamental para mejorar el estado de salud en esta etapa de la vida.
Con un volumen de población de adultos mayores que alcanzará los 28 millones para 2040, las políticas de salud pública deben adaptarse urgentemente a las realidades locales para asegurar que envejecer en México sea sinónimo de bienestar y salud.

- Actividad física: Mantenerse activo ayuda a conservar músculo y prevenir caídas.
- Salud bucal: Si hay dificultad para masticar, acuda al odontólogo; no normalice el comer menos por dolor o falta de dientes.
- Socialice: Procure comer acompañado; la red de apoyo de amigos y familiares mejora el apetito y el ánimo.
- Vigile el apetito: Una disminución en la ingesta debe evaluarse; consulte a un profesional.
- Pequeñas porciones: Realizar 5 comidas ligeras al día en lugar de 3 abundantes para facilitar la digestión.
- Ambiente adecuado: Comer en un lugar tranquilo y con horarios regulares; esto estimula el apetito y mejora el ánimo.