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Resumen

La falta de espacios seguros, accesibles y atractivos para el juego activo en los entornos urbanos de México limita las oportunidades de niñas y niños para realizar actividad física regular, lo que podría tener efectos importantes en su desarrollo y en su salud física, mental y social, tanto presente como futura.1 A su vez, esto favorece comportamientos sedentarios asociados con mayor riesgo de obesidad, ansiedad, y deterioro de habilidades motoras y sociales.2 La evidencia científica demuestra que el acceso a entornos que promueven el juego activo incrementa la actividad física diaria, reduce el tiempo sedentario y mejora el bienestar en la infancia.3,4 Sin embargo, las políticas actuales resultan insuficientes para atender las condiciones urbanas y sociales que realmente determinan si niñas y niños pueden jugar y moverse. En este sentido, este documento propone acciones clave para fortalecer el entorno urbano, comunitario y escolar, para mejorar la salud infantil a través de la actividad física recreativa y reducir desigualdades sociales en México.

¿Por qué importa el juego activo?

El juego es un tipo de actividad física fundamental en la infancia. Más que una forma de entretenimiento, constituye una necesidad central para el desarrollo infantil. A través del juego, niñas y niños exploran su entorno, imaginan, desarrollan habilidades físicas, cognitivas, sociales y emocionales, y construyen las bases de su bienestar presente y futuro.

En México, 7 de cada 10 niñas y niños no realizan suficiente actividad física y, 8 de cada 10 exceden el tiempo frente a pantallas, lo que incrementa el riesgo de enfermar

Los entornos urbanos actuales limitan el juego activo debido a inseguridad, tráfico vehicular y falta de espacios públicos adecuados, profundizando desigualdades sociales.

Las niñas enfrentan más retos que los niños lo que refleja una inequidad de género persistente desde la infancia.

El juego activo es una estrategia efectiva y sostenible para mejorar la salud infantil y requiere políticas intersectoriales que integren urbanismo, educación y salud.

En particular, el juego activo y el movimiento libre forman parte natural de la vida cotidiana durante la niñez. Este tipo de actividad física no debe confundirse con el ejercicio, que es una forma planificada, estructurada y repetitiva de actividad física, ni con el deporte, que generalmente implica reglas formales y competencia organizada. Estas formas de actividad suelen ser más frecuentes en la vida adulta y requieren organización, tiempo y recursos. Por ello, no debe entenderse únicamente como un medio para hacer actividad física, sino como una experiencia esencial para el desarrollo integral.
En el caso particular de los niños y las niñas, la actividad física ocurre predominantemente de manera, a través del juego activo, el movimiento libre y las actividades al aire libre, lo que les permite acumular actividad física diaria de forma natural y placentera, al tiempo que obtienen beneficios para su salud física, social y mental.6

Las recomendaciones internacionales señalan que niñas y niños de 5 a 17 años deben realizar en promedio 60 minutos diarios de actividad física con esfuerzo de medio a fuerte y limitar el tiempo que pasan frente a pantallas.7 En este contexto, el juego activo es una vía natural para alcanzar estas recomendaciones, y depende, en gran medida, de la disponibilidad de espacios públicos adecuados, seguros, iluminados y con áreas verdes.8

¿Cuál es el problema?

Las ciudades y el crecimiento urbano limitan la infancia

En la actualidad, las oportunidades de juego activo para niñas y niños en las ciudades han cambiado de manera importante. Las ciudades han experimentado un crecimiento acelerado, en muchos casos acompañado de expansión desordenada, reducción de espacios públicos y prioridad al transporte motorizado.9 Como resultado, en las ciudades existen condiciones menos favorables para el juego activo. 

Factores como la inseguridad, el tráfico vehicular generan condiciones que limitan el uso de los espacios públicos para el juego activo y aumentan la percepción de riesgo por parte de madres y padres.10 Asimismo, la infraestructura disponible suele distribuirse de manera inequitativa, favoreciendo con frecuencia a las comunidades con mayor nivel socioeconómico.1 Como consecuencia, el juego al aire libre ha sido reemplazado por actividades sedentarias en interiores, como el uso prolongado de dispositivos electrónicos como celulares, tabletas, videojuegos, lo que refleja una problemática de carácter estructural que va más allá de las decisiones individuales.

Jugar no es igual para las niñas y niños

En México, las niñas enfrentan mayores barreras para participar en el juego activo en comparación con los niños, lo que refleja una inequidad de género persistente desde la infancia.11,12 Estas barreras están relacionadas con normas socioculturales que influyen en expectativas diferenciadas sobre el comportamiento y la movilidad de niñas y niños, así como a percepciones de riesgo más restrictivas hacia las niñas, y un uso desigual de los espacios de juego y recreación, donde con frecuencia las niñas tienen menos oportunidades de participación.13 Asimismo, las normas sociales y escolares en torno a la vestimenta, como el uso de uniformes o prendas menos funcionales para el movimiento, pueden limitar la participación de las niñas en el juego activo. En conjunto, estas barreras forman parte de una inequidad de género que se construye desde la infancia y que limita las oportunidades de las niñas para ser físicamente activas, y desarrollar plenamente su potencial físico, social, emocional y cognitivo. Abordar el juego activo desde una perspectiva de género es fundamental para garantizar entornos urbanos más equitativos que promuevan la salud y el bienestar de todas las infancias.

¿Qué dice la ciencia? 

Más juego activo = más salud física, mental y social

La evidencia científica muestra que el juego activo incrementa los niveles de actividad física y reduce el tiempo sedentario en niñas y niños.6 Además de los beneficios físicos, el juego activo se asocia con mejoras en la salud mental, la regulación emocional, la interacción social y el desarrollo de habilidades motoras.14

El entorno importa.

Estudios han documentado que espacios caminables, con conexión entre calles, presencia de parques y áreas verdes, así como espacios públicos seguros, se asocian con mayores niveles de actividad física y menor riesgo de enfermar.15,16

¡Dales un respiro a las calles!

Intervenciones como “calles recreativas”, que habilitan temporalmente calles para el juego activo, han demostrado ser estrategias viables y de bajo costo para aumentar oportunidades de actividad física, fortalecer la cohesión comunitaria y reducir barreras relacionadas con la inseguridad vial y social.17,18

Diseño atractivo e inclusivo

La evidencia señala que no basta con la existencia de espacios de juego; su diseño debe ser atractivo, inclusivo y adaptado al contexto local. Espacios mal diseñados o poco mantenidos tienden a ser subutilizados y no generan aumentos sostenidos en la actividad física.15,16

Factores que frenan el juego activo

¿Qué debemos hacer?

Seguir recomendaciones basadas en evidencia, adaptadas al contexto de México y en colaboración con niños, niñas y adolescentes. 

La solución requiere acciones intersectoriales entre comunidad, academia, autoridades y empresas. Algunas estrategias con probada efectividad para la promoción de actividad física y alineadas al Plan de Acción Global en Actividad Física 2018–2030,5incluyen:

Diseño urbano para las infancias

Para conocer más al respecto, contactar a:

Dra. Alejandra Jauregui de la Mota
alejandra.jauregui@trejoacevedo
Directora de Vigilancia de la Actividad Física y la Nutrición en el Centro de Investigación en Nutrición y Salud (CINyS)
Instituto Nacional de Salud Pública de México.


Referencias
1. Fernández-Álvarez R, Fernández-Álvarez R. Inequitable distribution of green public space in Mexico City: an environmental injustice case. Economía, sociedad y territorio. 2017;17(54):399-428. doi:10.22136/EST002017697
2. Medina C, Jáuregui A, Blas N, Campos I, Macías N, López-Ridaura R, Barquera S. Promoción de actividad física en escolares y adolescentes. Salud Publica Mex. 2024;66:435 445. https://doi.org/10.21149/15787
3. Cliff DP, Okely AD, Smith LM, McKeen K. Physical activity and sedentary time during childcare outdoor play sessions: A systematic review and meta-analysis. Prev Med. 2017;99:211–28.
4. Carson V, Pickett W, Janssen I, et al. Physical environmental opportunities for active play and physical activity level in preschoolers: a multicriteria analysis. BMC Public Health. 2022;22:340.
5. World Health Organization. Global Action Plan on Physical Activity 2018–2030: More Active People for a Healthier World.; 2018. doi:10.1016/j.jpolmod.2006.06.007
6. Borghese MM, Janssen I. Development of a measurement approach to assess time children participate in organized sport, active travel, outdoor active play, and curriculum-based physical activity. BMC Public Health. 2018;18(1):1-10. doi:10.1186/S12889-018-5268-1/TABLES/2
7. Directrices de la OMS sobre actividad física y comportamientos sedentarios [WHO guidelines on physical activity and sedentary behaviour]. Ginebra: Organización Mundial de la Salud; 2021. Licencia: CC BY-NC-SA 3.0 IGO.
8. Carson V, Pickett W, Janssen I, et al. Systematic review of correlates of outdoor play and outdoor time among children aged 3–12 years. Int J Behav Nutr Phys Act. 2021;18:107. doi:10.1186/s12966-021-01097-9.
10. Travert A-S, Annerstedt KS, Daivadanam M. Built Environment and Health Behaviors: Deconstructing the Black Box of Inte ractions—A Review of Reviews. Int J Environ Res Public Heal. 2019;16(8):1454. https://doi.org/10.3390/IJERPH16081454
10. Hermosillo-Gallardo, M. E., Sebire, S. J. y Jago, R. (2020). Per ception of safety and its association with physical activity in adolescents. American Journal of Preventive Medicine, 748-755. 
11. Argumedo R, López-y-Taylor J, Ortiz-Brunel C, Gaytán-González A, González-Casanova I, González-Villalobos A, et al. Results from the 2022 Mexican Report Card on Physical Activity for Children and Adolescents. Front Public Health. 2023;11:1304719.
12. Jáuregui-Ulloa E, Ortiz-Brunel J, Gaytan-Gonzalez A, et al. Comparison of Physical Activity and Sedentary Behaviour Patterns by Sex, Geographical Location, and Time of the Week in Mexican Adolescents. J Funct Morphol Kinesiol. 2024;9(4). doi:10.3390/JFMK9040212,
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14. Mygind L, Kjeldsted E, Hartmeyer R, Mygind E, Bølling M, Bentsen P. Mental, physical and social health benefits of immersive nature-experience for children and adolescents: A systematic review and quality assessment of the evidence. Health Place. 2019;58:102136. doi:10.1016/J.HEALTHPLACE.2019.05.014
15. Jáuregui A, Salvo D, Lamadrid-Figueroa HH, et al. Perceived and Objective Measures of Neighborhood Environment for Phy sical Activity Among Mexican Adults, 2011. Prev Chronic Dis. 2016;13:E76. https://doi.org/10.5888/pcd13.160009 25
16. Salvo D, Torres C, Villa U, et al. Accelerometer-based physical activity levels among Mexican adults and their relation with sociodemographic characteristics and BMI: A cross-sectional study. Int J Behav Nutr Phys Act. 2015. https://doi.org/10.1186/ s12966-015-0243-z
17. Lee RE, Soltero EG, Jáuregui A, Mama SK, Barquera S, Jauregui E et al. Disentangling Associations of Neighborhood Street Scale Elements With Physical Activity in Mexican School Children. Environment and Behavior. 2016 Jan 1;48(1):150-171. doi: 10.1177/0013916515615389
18. Medina C, Romero-Martínez M, Bautista-Arredondo S, Barquera S, Janssen I. Move on Bikes Program: A community-based physical activity strategy in Mexico City. Int J Environ Res Public Health. 2019;16(10):1685. doi:10.3390/ijerph16101685.

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